¿Existe un camino para encontrar la felicidad?

Gonzalo Cortés Olea
Psicólogo Clínico
Magíster en Psicoterapia
Cuando pensamos en la felicidad, se nos viene a la mente un sinfín de emociones, sentimientos, seres queridos y cosas o situaciones que nos llenan de alegría o nos mueven a ese estado mental tan añorado de paz y tranquilidad. Pero la verdad es que es muy difícil (o no existe) una “receta” como tal, con esto me refiero a un único camino que seguir para poder conseguir esa tan esperada felicidad. Además, solo pensar en felicidad nos puede llevar a reflexionar acerca de la misma naturaleza de esta, ¿es un estado momentáneo?, ¿se puede mantener? Y como esas, son miles de interrogantes que nos surgen al contemplar nuestra vida y el significado de lo que para nosotros es la felicidad.
Variedad de caminos
Si pensamos en nosotros mismos como seres humanos, sobre nuestros gustos, fortalezas, debilidades y características que son propias, esas, que son reconocibles como idiosincráticas y las comparamos con las de nuestros cercanos, incluso con aquellos con los que compartimos afinidades o peculiaridades, nos damos cuenta que no importa que tan parecido seamos, siempre van a existir diferencias (menos mal si no sería todo muy aburrido). Esas diferencias, son las que también, hacen que el camino o la forma de ser feliz sea distinta dependiendo de cada persona, y con esto enfatizo a que no me refiero a solo una elección de carrera o qué comer el día de mañana, me refiero a toda la forma en la que cada uno de nosotros vivimos, desde los pequeños detalles hasta las grandes decisiones. Las motivaciones de cada cual, serán distintas y aunque se tengan objetivos parecidos o iguales, incluso la forma de llegar a esa meta puede variar de persona a persona.
Lo que se espera de la felicidad (caminos únicos)
Lo más común, es que a medida que crecemos, vayamos trazando un plan “maestro” de qué hacer con nuestras vidas y de cómo vivirlas, qué cosas nos convienen hacer y cuáles definitivamente, tenemos que tacharlas. Muchas veces nuestra familia, amigos, parejas o la sociedad misma, nos impulsan a tomar o realizar ciertas acciones o decisiones, pese a que no estemos convencidos del valor que, para nosotros mismos, estas tengan. El ejemplo clásico sería una persona con aspiraciones artísticas que decide dedicarse a algo opuesto a sus afinidades y gustos, por buscar un estatus socioeconómico más estable o con más posibilidades de renta. Con esto, no estoy intentando criticar la elección de trabajo convencional, solo apunto a las elecciones basadas en supuestos beneficios sin contar la vocación y gustos propios, ya que es muchísima gente la que cae en privilegiar los beneficios que supuestamente le traerán más estabilidad, en vez de contemplar el panorama completo en cuanto a sus gustos y también, sus capacidades.
Todo lo anterior lo podemos relacionar, con una búsqueda de felicidad, que, muchas veces, se incorpora a lo largo de la vida, que consiste en ser exitoso, definiendo “exitoso” como tener un ingreso generoso a fin de mes, un auto último modelo y la casa más grande que se pueda tener. En el fondo, mostrar el nivel de poder adquisitivo que uno posee. Como también, el reconocimiento que ese estatus te da, ese reconocimiento y “admiración” que muchas personas persiguen con el afán de alcanzar un supuesto estado de superioridad al ser notado más que los demás. Un ejemplo sería los instagramers o influencers que hacen cualquier cosa por ganar más seguidores y romper sus records de likes, sin que realmente disfruten lo que hacen o que simplemente le encuentren un verdadero valor.
Nuevamente, aclaro que con esto no estoy criticando a alguien que tenga mucho dinero o el último y más moderno modelo de auto, o alguien que quiera convertirse en un famoso “tiktokero”, obviamente una persona que alcanza fama o es millonaria puede ser totalmente feliz y completa. Lo que intento poner en la palestra, es el reflexionar sobre un panorama completo, más integral, no solo la búsqueda de una estabilidad económica o un reconocimiento social, sino también la búsqueda de la vocación (por el lado laboral), del entendimiento propio y del agradecimiento de las cosas que ya tenemos.
Aprender para la felicidad
Hemos establecido que una base sólida para alcanzar la felicidad se encuentra en avanzar en línea recta hacia nuestras metas, objetivos e ideales, pero en la vida real es casi imposible que todo nos salga exactamente como lo planeamos. Lo normal, no es avanzar siempre en favor de nuestras metas, es más bien, un ir y venir, de tropiezos, de fracasos, de éxitos y de cambios de objetivos y de metas.
Para poder apreciar todas las oportunidades de felicidad que podamos tener, es necesario evaluar tanto el proceso que tenemos que realizar para alcanzar nuestra meta, como la misma meta. El hacer las cosas, conocer gente, inspirarse, caer, fracasar, cambiar de ideas y conseguir algo distinto a lo que se planteaba en un principio, puede ser un proceso completamente satisfactorio. Podríamos llamarlo, un proceso de auténtica felicidad, en donde el camino, ese en el cual se exhibe nuestra propia naturaleza, nos permite conocernos más a nosotros mismos, mostrándonos nuestras facultades, nuestra fortaleza mental y por qué no, nuevos gustos, actividades o cosas que nos traigan felicidad, que nos hagan sentir la tranquilidad y emociones propias de sentirse feliz.
Otro punto importante para reflexionar en profundidad en este apartado, es el saber “perder”, “fracasar” o no alcanzar esa “meta” que tanto se buscaba, con esto, no quiero decir (de ninguna manera), que no se hagan todos los esfuerzos posibles por lograr un objetivo, un sueño o lo que sea. Con esto, quiero decir que una derrota o algo no “cumplido” no es el final, siempre se puede aprender de ese fracaso, de esa caída, es natural equivocarse y es de sabios, poder apreciar nuestros errores y aprender de ellos, así en un futuro o en el mismo presente ya no nos equivocaremos de la misma manera.
Predisposición a la felicidad
Si esta mentalidad la incorporamos a nuestro diario vivir, sin duda alguna tendremos una mayor predisposición a la felicidad. Reconocer y apreciar lo que nos hace sentir bien (por sencillo que sea), valorar el proceso de crecimiento en la búsqueda de nuestras metas, aprender de nuestros pequeños o grandes fracasos, y agradecer los logros obtenidos, en vez de estancarnos en lamentar nuestras equivocaciones o lo que pudimos haber hecho o tenido, nos dará mayor seguridad y confianza para continuar avanzando en este camino no lineal y sumamente particular, de la “felicidad”.